miércoles, 22 de octubre de 2014

EL PRIMER DÍA


 El primer día fue como si la hubiese atropellado un camión. El segundo, posiblemente un coche y así sucesivamente hasta su total recuperación.

 En la Uci, las primeras tareas eran muy sencillas. Su vida se limitaba a dormir continuamente, anhelar beber agua de nuevo, escuchar aquella lluvia de los drenajes y pequeños fragmentos en su cabeza de la canción ¨House of cards¨ de un grupo británico de rock alternativo.  Ni siquiera caía en pensar que habría pasado con su corazón, si sería esclava de una prótesis o por el contrario seguiría conservando su válvula. La sedación hacía que no tuviese que preocuparse por nada más.

Posteriormente,comenzaron a incorporarla para recibir las visitas y comer lo hacía sentada en el sillón. Era importante movilizar a los pacientes por muy aplacados que estuviesen todavía y a la vez dar la sensación de avance a la familia en las visitas.

La comida no era muy variada, sólo le traían dieta blanda compuesta principalmente por caldos, cremas y muchas manzanas asadas.

En una de las visitas, al incorporarse en el sillón tuvo que ponerse la mano en la boca y avisar con gestos las ganas de vomitar. Inmediatamente vomitó sobre un recipiente de cartón aquella bilis de un color verde radiactivo tan vivo que el cuerpo ya no quería en su interior.
Paco-C

viernes, 22 de agosto de 2014

EL DESPERTAR


Aproximadamente a las doce horas siguientes despertó en aquella unidad de cuidados intensivos. Los efectos de la anestesia le ahorraron el recuerdo desagradable al desentubarla. Lo primero que sintió su cuerpo era una sed ardiente y seca. No podía dejar de pensar en beber agua y se volvía loca pidiendo agua a las enfermeras que  veía pasar de un lado a otro. Tal era su sed que vomitó los sorbos  que tomó mientras su nervio vago seguía dormido.

 El burbujeo de los drenajes recreaban una escena de día nuboso y de lluvia que la confundía con la realidad. El helor por encima de las sábanas añadía más credibilidad a la escena.

Atontada aún, veía a los médicos y enfermeras que anotaban su evolución en la carpeta que contenía todo su historial a los pies de la cama y comentaban la pericia del cirujano al haber conseguido aquella exitosa obra artesanal.
Paco-C

jueves, 19 de junio de 2014

LA REPARACION


La anestesia relajó su cuerpo y su mente hasta dejarla en blanco. La temperatura de su cuerpo bajó hasta los 34 grados. Para entonces la cardioplejia sanguínea ya circulaba por su cuerpo de forma intermitente justo antes que la heparina.

Una incisión a lo largo del esternón dibujaría un signo de vida y el inicio de una nueva. El corazón estuvo al descubierto varias horas. A la vista de todos. Conectado a una máquina de circulación extracorpórea. Parado mereciéndose su merecido descanso. Seccionado buscando su propio alivio.

No fue tarea fácil, al contrario. Fue un reto tanto para el cirujano como para Ella misma. Ese corazón, ese día, no se lo puso fácil a Forteza, pero éste no se dejó llevar por la opción más rápida y menos complicada. Le gustaban los retos y contaba con suficiente experiencia para sacar adelante los casos complicados. En cualquier otro hospital la solución más rápida hubiese sido retirar su válvula mitral e implantarle otra, que en el mejor de los casos, hubiese sido biológica.

Para terminar antes de retirar el separador esternal, para volver a juntar sus costillas, se cerró el corazón. Se volvió a introducir en su propia bolsa. El cierre de las costillas se realizó de manera convencional a base de alambre. Se cerraron una a una las diferentes capas de aquel tejido falto de fibrilina y se pusieron dos drenajes en el mediastino. Por último se grapó toda la abertura esternal que recorría su tórax y que desde aquel día llevaría marcado toda su vida.

Así transcurrieron cuatro horas interminables para los que esperaban en la sala de espera. Esperar no era malo, al contrario. Esperar tanto no suponía un cambio, sino una reparación. 

Paco-C

lunes, 28 de abril de 2014

EL CAMINO


A la mañana siguiente se despertó justo cuando la enfermera abrió la puerta avisando de que ya era la hora. Pese a la pastilla que le administraron para poder dormir, lo que de verdad le alivió fue dormir sujeta al pie de Él. Eso sí la relajaba más que cualquier otra cosa.

El desayuno de esa mañana serían únicamente unos sorbos de mascarilla de oxígeno y una pastilla debajo de la lengua que iría deshaciendo entre los pasillos estrechos en penumbra de camino al quirófano. Unas veces fue mirando al techo y otras mirándolo a  Él mientas derramaba alguna que otra lágrima recordando a Chipi.

El miedo hacía tiempo que se había ido ya. Sólo le quedaba un leve resquemor a las agujas y a permanecer despierta demasiado tiempo en aquel lugar esperando las torturas.

Cuando entró en aquel quirófano sólo se veían algunos pequeños espacios iluminados. Era difícil reconocer a alguien ahí dentro. Lo primero y lo último que recuerda fue pasarse de la cama a aquella mesa fría de metal.
Así empezó ese sueño largo y profundo para matarla y después resucitarla.


Paco-C

lunes, 24 de marzo de 2014

750



Un camino muy largo estuvo aún por llegar. Esa pequeña gran muerte que tantas noches había soñado en medio del quirófano con su vida en manos de la propia fortaleza del que la realizaba. En el  trayecto el tren cruzaba sin descanso las inmensas llanuras de La Mancha que tanto evocaba Azorín en sus interminables relatos. Daba la sensación de que ni el mismo tren pudiese permitirse hacerle perder más tiempo. Y es que nada se podía  ya detener. Todo estaba hecho. Para su tranquilidad, su niña y Apa ya estaban reubicados. Sólo faltaba lo que tanto esperó.

Una vez paró su tren y puso el pie en aquel hospital comenzaron a prepararla para su pequeña muerte. Su habitación era una individual con vistas al oeste donde tanto rezuma el sol por las tardes mientras no se apagaba el verano. La 750 de la séptima planta. Una planta donde los pasillos parecían autovías y los enfermos coches recién reparados con ganas de corretear de un lado a otro.

Aquello era todo un ritual. Fue tal cual te cuenta cualquiera que lo hubiese vivido. Analíticas, rayos x, relatos médicos y entre tantas cosas más, el consentimiento firmado en un folio desbordado de efectos y complicaciones que hacen que le tiemble el pulso a cualquiera. Pero la decisión estaba tomada años antes. Sólo le bastaba con cerrar los ojos y ver a Chipi encogida en aquella silla con los brazos doloridos a medio vivir  para saber que al menos Ella estaba en el camino correcto. Estaba en buenas manos pasase lo que pasase. Ya nada podía ser peor.


Paco-C

Otras miradas