lunes, 24 de marzo de 2014

750



Un camino muy largo estuvo aún por llegar. Esa pequeña gran muerte que tantas noches había soñado en medio del quirófano con su vida en manos de la propia fortaleza del que la realizaba. En el  trayecto el tren cruzaba sin descanso las inmensas llanuras de La Mancha que tanto evocaba Azorín en sus interminables relatos. Daba la sensación de que ni el mismo tren pudiese permitirse hacerle perder más tiempo. Y es que nada se podía  ya detener. Todo estaba hecho. Para su tranquilidad, su niña y Apa ya estaban reubicados. Sólo faltaba lo que tanto esperó.

Una vez paró su tren y puso el pie en aquel hospital comenzaron a prepararla para su pequeña muerte. Su habitación era una individual con vistas al oeste donde tanto rezuma el sol por las tardes mientras no se apagaba el verano. La 750 de la séptima planta. Una planta donde los pasillos parecían autovías y los enfermos coches recién reparados con ganas de corretear de un lado a otro.

Aquello era todo un ritual. Fue tal cual te cuenta cualquiera que lo hubiese vivido. Analíticas, rayos x, relatos médicos y entre tantas cosas más, el consentimiento firmado en un folio desbordado de efectos y complicaciones que hacen que le tiemble el pulso a cualquiera. Pero la decisión estaba tomada años antes. Sólo le bastaba con cerrar los ojos y ver a Chipi encogida en aquella silla con los brazos doloridos a medio vivir  para saber que al menos Ella estaba en el camino correcto. Estaba en buenas manos pasase lo que pasase. Ya nada podía ser peor.


Paco-C

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