jueves, 19 de junio de 2014

LA REPARACION


La anestesia relajó su cuerpo y su mente hasta dejarla en blanco. La temperatura de su cuerpo bajó hasta los 34 grados. Para entonces la cardioplejia sanguínea ya circulaba por su cuerpo de forma intermitente justo antes que la heparina.

Una incisión a lo largo del esternón dibujaría un signo de vida y el inicio de una nueva. El corazón estuvo al descubierto varias horas. A la vista de todos. Conectado a una máquina de circulación extracorpórea. Parado mereciéndose su merecido descanso. Seccionado buscando su propio alivio.

No fue tarea fácil, al contrario. Fue un reto tanto para el cirujano como para Ella misma. Ese corazón, ese día, no se lo puso fácil a Forteza, pero éste no se dejó llevar por la opción más rápida y menos complicada. Le gustaban los retos y contaba con suficiente experiencia para sacar adelante los casos complicados. En cualquier otro hospital la solución más rápida hubiese sido retirar su válvula mitral e implantarle otra, que en el mejor de los casos, hubiese sido biológica.

Para terminar antes de retirar el separador esternal, para volver a juntar sus costillas, se cerró el corazón. Se volvió a introducir en su propia bolsa. El cierre de las costillas se realizó de manera convencional a base de alambre. Se cerraron una a una las diferentes capas de aquel tejido falto de fibrilina y se pusieron dos drenajes en el mediastino. Por último se grapó toda la abertura esternal que recorría su tórax y que desde aquel día llevaría marcado toda su vida.

Así transcurrieron cuatro horas interminables para los que esperaban en la sala de espera. Esperar no era malo, al contrario. Esperar tanto no suponía un cambio, sino una reparación. 

Paco-C

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