El primer día fue como si la hubiese
atropellado un camión. El segundo, posiblemente un coche y así sucesivamente hasta su total recuperación.
En la Uci, las primeras tareas eran muy
sencillas. Su vida se limitaba a dormir continuamente, anhelar beber agua de nuevo, escuchar aquella
lluvia de los drenajes y pequeños fragmentos en su cabeza de la canción ¨House of cards¨ de un grupo británico de
rock alternativo. Ni siquiera caía en pensar que habría pasado con su corazón, si sería esclava de una prótesis o por el contrario seguiría conservando su válvula. La sedación hacía que no tuviese que preocuparse por nada más.
Posteriormente,comenzaron a incorporarla para recibir las visitas y comer lo hacía sentada en el sillón. Era importante
movilizar a los pacientes por muy aplacados que estuviesen todavía y a la vez
dar la sensación de avance a la familia en las visitas.
La comida no era muy variada, sólo le traían dieta blanda compuesta principalmente por caldos, cremas y muchas manzanas asadas.
En una
de las visitas, al incorporarse en el sillón tuvo que ponerse la mano en la
boca y avisar con gestos las ganas de vomitar. Inmediatamente vomitó sobre un
recipiente de cartón aquella bilis de un color verde radiactivo tan vivo que el cuerpo ya no quería en su interior.
Paco-C
espero que sólo sean las hojas las que ahora te atropellen
ResponderEliminarAhora nadie puede conmigo, corazón loco.
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