lunes, 11 de octubre de 2010

LA SANGRE

Si el mundo estaba contenido en medio del mar y la fragancia en el vaso, no resulta extraño que el ser humano pudiera estar vertido en carmín líquido que regaba con pasión cada músculo.
A veces Ella sufría desbordamientos de pasión por la nariz en medio de la adolescencia. Entonces los tablachos saltaban y sus despojos salían con impulso como si le hubieran dado un puñetazo.
Cuenta una noche que tanto se regaron los campos que se desbordaron y arrastraron a su abuela entre cuajones de carmín hasta los pies de su cama. Siempre ha escuchado que la sangre es el bálsamo de uno mismo, que a veces se embriaga y genera cantidades extremas que se derraman del vaso.
 Hay que saber contener la fragancia del vaso, desaguarlo cuando sea conveniente en el momento preciso sin brusquedades para que no se vierta el contenido entre las vísceras calladas que solo rugen de hambre en el momento menos oportuno por irrumpir afuera.

Sabe que hubo un corazón que crecía en forma de gota y era tal el peso que soportaba su raíz que estalló en mil pedazos. Ella aún lleva clavadas varias raspas de él en su pecho que ni el tiempo logra mermar de lo crudas que están.
Paco-C

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