Hoy es
viernes, pero hace veinte años era lunes y todo era muy distinto. Tan distinto
que nadie se hubiese imaginado como se hubiese tornado esta historia que todavía
continua.
Ella
tiene marcado ese día a sangre en su mente como si fuese hoy. Es su recuerdo más
fresco de la niñez. Es el punto de partida donde dejó de ser tan niña para
empezar a entender de qué trataba la vida; vivir para después recordar.
Hubiera
dado cien mil veces su vida para que Chipi no se hubiera ido tan pronto, pero
la muerte no le mira el diente a nadie aunque Ella aún no logre comprenderlo del
todo. De un día a otro todos tomaban helados juntos para un rato más tarde
llorar en corro la pérdida de Chipi aquel sórdido 2 de agosto que nada miró
antes de llevársela.
Veinte
años cargados de vivencias y sobretodo de su ausencia. Veinte años que vienen
cargados con aquellos detalles que a Chipi le faltaron por cumplir. Las casualidades
no existen. Chipi murió, pero para Ella no morirá nunca porque luchar por una
significa luchar por la otra.
Chipi
sigue viva en cada centímetro de su lánguido cuerpo, en cada recuerdo, en cada
momento de felicidad, en cada sentimiento de ira, pero sobretodo en su instinto
de lucha y en cada abrir y cerrar los cajones que pese a las mudanzas aún
huelen a ella.
En
breve sólo las diferenciará una cicatriz en el pecho. La que para una
significará una señal de guerra en señal de vida y para la otra lo que estuvo a
punto de ser y no pudo ser.
Paco-C
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