Muchos fines de semana de invierno, aunque no era tiempo de siega el abuelo chispeaba el mechero encima de una estufa de leña y Ella se quedaba ensimismada al ver como saltaban chispas de luz que parecían auténticos segadores cargando garbillos de trigo y cebada.
Una siega parecida, parecían las veces que ella se atrevía a coger la hoz para afeitar a su abuelo. El pobre se desolaba del esfuerzo de la nieta y de parecer una matanza revocada desde el cariño.
Le encanta la textura de las barbas porque las prende el fuego y cuando las toca le recuerdan aquella siega. Ahora cuando no hay ninguna barba de por medio, se conforma con acariciar disimuladamente el césped para rememorar los espinazos de la barba.
Detestaba el invierno pero estaba deseando que llegara para meterse bajo las faldas de la mesa de camilla y sentir ese hervor del brasero de leña que le reconfortaba tanto del frio. Se agarraba fuerte con las manos a la pata de la mesa para exprimir bien el calor y del mismo modo se remangaba los pantalones para sentirlo más cerca. Sentir el calor es la debilidad dulce que le trasmite el calor lejos de sus ruidosas alarmas de incendios.
Paco-C
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