Cada uno tiene una forma extraña de querer a rabiar a alguien, a veces hasta se le hace rabiar de verdad de la forma más mezquina. Siempre lleva a mano un refrán español que dice; tanto quiere el demonio a los hijos que les saca los ojos. Cuánta razón lleva.
Otras veces no sabes por qué quieres tanto una cosa tan pequeña si cuando crece se revuelca en el caos del universo.
El querer a veces se convierte en el sentir, para luego no sentir, el dar para luego no dar, el querer para al final no quererlo.
A veces Ella quiere lo que no tiene y desecha lo que tiene. No quiere que nadie intente rellenar con material denso sus faltas, porque entonces todo acaba faltándole. Sabe que su manera de querer a veces la encierra.
Sus pesadillas, remordimientos, tropiezos y otros accidentes apenas le han dejado tiempo para mirarse, quererse y amarse, porque en realidad a nadie le tiene que resultar egoísta saber quién es, que da y que recibe de ello. Si ellos dicen que es, puede que Ella pueda serlo o que todos se equivoquen respecto de Ella, pero si hay nexos en común, eso ya no es tan común. Ahora ejercita una breve lista para creerse quién en realidad es.
En realidad el querer no lo es todo, no terminan las cosas solo queriéndolas igual que el veneno que no mata, la sed que no se apaga o la muerte que no cura que Machado escribe en uno de sus poemas. Todavía en la vida existen quereres con los que no podemos.
Paco-C
No hay comentarios:
Publicar un comentario