Hay vidas estables, perennes, estancas y hasta las hay de equilibristas. La de Ella es una de esas. Es la equilibrista que se amortigua de los baches del camino por no llegar al final demasiado rápido y por no sesgar ya el camino. Equilibrista desequilibrada. Presa de las curvas interminables que ni curan ni se acopian, como siempre. Tan sólo la marean, la envenenan y la marcan como marca el tiempo y el espacio con sus facturas.
La vida es su camino y su camino su experiencia. Su camino se adquiere por medio de las curvas paliativas distando de su desorden. Unas veces más recto y otras más enrevesado, pero siempre alumbrado con sus restos, gestos y con la mirada que Chipi le tiende desde la Luna.
Hay días más grandes y más pequeños. Más ecuánimes o más cóncavos. Hay también noches más lúcidas que las embriagadas. Noches interminables enajenadas de recuerdos, desaguando vasos de agua con mariposas o tercios que transformaban el propio amargor de Ella en el de la cebada y así sonreír un instante eternamente. Eran noches tan vivas cómo la Luna cuando dejaba atrás el Sol. El calor del verano. La brisa pegajosa del mar. Las acampadas en su orilla con los cuerpos más verdes que existen. Los helados antros bajo cero como último recurso. La embriaguez como equilibrio. Las botellas de vidrio escarchado liquidadas cómo primero. La última cerveza caliente. Los momentos que vaciaban problemas por sentirse llena. El vaso que no quita la sed ni borra malos litigios La obsoleta tontería que genera la risa imparable. Las aceras diligentes o lánguidas que se traspapelan sin dejarla volver. Los folios apilados del día siguiente. La culpa. Desaguar el vaso. Beber de los charcos. Horas prensadas que tocan fondo. Lavar las culpas. Desmaquillarse en la almohada. Almorzar antes de ir a la cama. Los buenos días que son buenas tardes. El sol bajo. Domingos que no quieren dormir por despertar en lunes. Caminar en círculos concéntricos. Gritar. Apariencias rotas. Las cartas sin dirección pero guiadas. La comunicación estanca de no saber de su vida por vivir para olvidar. Los retos. El trago de agua fresca que regenera y marca la bienvenida al final.
El equilibrio es imposible cuando habla de ella misma, pero no hay equilibrio sin mezclarse con él.
El equilibrio es imposible cuando habla de ella misma, pero no hay equilibrio sin mezclarse con él.
Paco-C

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