sábado, 18 de septiembre de 2010

EL DESPERTAR

No le sorprende que sus despertares hayan solido ser poco placenteros, quizá porque con frecuencia se acostó con la cabeza llena de recuerdos, inquietudes, preguntas y preocupaciones  que no sabía cómo se extinguirían, lo que si supo siempre es que las abordaría.
Sólo necesitaba un espacio para pensar. Era en ese espacio donde mejores despertares ha tenido, dónde su abuelo se asomaba a verla dormir. Era algo que lo tranquilizaba y cuando Ella despertaba y salía a la calle éste siempre le preguntaba que si había apagado el acho. Fue una expresión que nunca nadie entendió de donde venía, al parecer rarezas o invenciones de él como otras tantas.
Hubo también malos despertares allí donde más de una vez ha sentido como si el mismo trasvase la traspasara en dos. Una de esas veces que ese sentimiento cobró vida fue un agosto recién estrenado aún de madrugada. No fue el calor el que puso en pie la casa, fue el dolor intenso que recorría los brazos de quién empezaba a tornarse en un ángel, que tiritó los cimientos de aquella balsa de aceite a dos manos. Aquella mañana se paró más de una vida.
Con los años fue experimentando sensaciones parecidas al verse atrapada en una casa oscura llena de lobos que aullaban enunciando que Ella estuviera lejos o lo más cerca para el disfrute de poder herirla.
Paco-C

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