viernes, 17 de septiembre de 2010

LA NUEVA MORADA

Todo se convirtió de la noche a la mañana en una lúgubre caja cerrada, en la que Ella parecía ciega por cada pasillo hasta conseguir llegar al último rincón. Allí aprendió a aislarse, un rasgo hoy para ella determinante. Nunca quiso perder la cabeza y terminar aullando como ellos. Prefería sentir el silencio a los murmullos ajenos a sus oídos que portaban su nombre en una demolición.
Quizá fue abolida como las grandes guerras de subsistencia en la que nadie le prestada auxilio, pero realmente era Ella la que no replicaba, todo por no molestar, por no hacer caer en peñascos las ilusiones de otros. Fue algo parecido a lo que aclamaba Nacho en su Mondúber; le sabe mal desangrarse pero tuvo que vivir entre las ilusiones de otros que para Ella fueron sólo basura de lo que ahora queda sarna.
 Su lucha era la de aprender a vivir en la inmundicia lo mejor que podía, todo porque el  portero volviera a sentirse enmarcado y vivo tras la marcha del amor de su vida.
Ella aprendió a callar aún cuando las uñas ajenas arañaban cada una de sus fotos, entre ellas varias de esas que nunca se podrán volver a hacer porque eran de las pocas que aparecía su madre. Pensaba ella que si en el rebelado no se habían velado tampoco debían porque hacerlo más tarde de ninguna de las maneras.
La nueva vida al final fue la que se volvió contra ella, la que le trajo desesperación porque el tiempo trascurriera rápido, porque todo acabara de una vez y consigo largas noches de taquicardia por la ansiedad de lobos aullando y desvalijando todo cuanto veían a su acecho, pero Ella seguía mintiendo sobre qué era lo que le producía esos pinchazos enormes en el costado en largas noches de verano.
También cuenta que la comida era buena, pero las condiciones del entorno no lo eran lo suficiente y ni las vitaminas la animaban a que comiera bien. Aquel lugar le producía astenia y muchas veces la boca en la taza del wc ha sido la que le trasmitía ese frescor que antes buscaba en la naturaleza. El plato crecía en vez de menguar y a menudo se juntaba la comida con la cena. Pero eso a Ella ya parecía darle igual, era el trascurso de los días de la semana lo que no le daba igual.
Paco-C


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