Surgió del amor, la complicidad, el respeto y la dedicación de Chipi y el portero que llegó hasta su zaguán tirando a portería.
Ella es Ella, la misma que a veces parece pasar a ser otra persona en el recuerdo de sus gentes. La que siente y padece cuando a veces ni debería sentir ni padecer.
Creció con el olor a monte y salpicó de los charcos sentimientos y emociones a quienes tenía cerca. A todos colmaba de barro con tanta viveza. Entre sus delgados brazos y piernas se colaba el aire como queriéndole dar besos frescos. Era una veleta del modelo de somatotipo ectomorfo que intentaba adaptarse a la posición que soplase el viento.
Heredó del portero su afán se supervivencia ante ciertas inclemencias que marcarían su vida enganchando sus extensibles dedos de araña hasta la tela que le diera calor. Puede que también heredara de él el gusto por la poesía, la bici, el picante y sus luceros verdes que brotaron en plena primavera.
De Chipi calcó demasiadas cosas, Ella fue la herencia más exacta que Chipi podía dejar. Lo más parecido a ella y la mejor herramienta que le permitiera llegar a conocer a su madre. Esa era Ella con quién a veces la confunden desde su morfología pasando por las maneras, el instinto ahorrador, el preferir hacer ella misma las cosas antes que mandar a cualquiera hasta alguna manía que otra. Había cosas muy fuertes que las unían, otras no tanto.
Ella rebosa de distracciones, atenciones, cegueras, vaciados, fuegos, anhelos, quereres, manchas, cosquillas, ajuares, canciones, censuras, abundancias, ocultaciones y muchos recuerdos que transcribe para no olvidarlos.
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