Se dudó de su resistencia aunque fue un niño con más ganas que muchos de venir al mundo. Le costó estar en cama a todas horas durante un tiempo debido a las duras limitaciones que existían en 1958, ya que apenas había incubadoras. Logró sobrevivir a base de leche condensada y Pelargón. Ahora lleva algunas cicatrices escritas en la frente fruto de las travesuras de niño ocasionadas en el pico de una pared y de la caída de un pino. Si se pierde puede resultar fácil encontrarlo por las señales y por el color a monte frondoso de sus ojos. Le encanta el dulce y leer poesía. Nunca supo lo que era tener algún hermano.
Su vida pudiera estar enmarcada en el tamaño de una portería reglamentaria con respecto de su estatura. Una gran vida, quizá no tan recompensada como debería por más lejos que haya ido.
En el fútbol no pudo hacerse hueco por sus 158 cm escasos. Su entrenador lo felicitaba y a la misma vez se resentía de tener a un jugador tan bueno y no poder buscarle un sitio mejor. Tampoco se quejó nunca del tamaño de la bicicleta a pesar de tener las piernas cortas.
Lo que siempre le molestó fue la falta de soluciones del equipo dentro del campo. Nunca entendió porque ese ímpetu de agolparse todos alrededor del balón mientras el resto del campo estaba indefenso ante cualquier ataque. Inconscientemente su pasión por el fútbol pudo ser fruto de la vez que su padre le incitó a mirar debajo de la cama para mostrarle quien eran los Reyes Magos. Él se sentiría indefenso, derrocado ante ese balón que ocupaba un espacio debajo de la cama y quiso luchar por darle un espacio y un tiempo.
Si para las porterías demostró que no hay talla, tampoco importaban los zapatos que venía calzando, sólo bastaba la talla adecuada para no perderlos.
Ha tenido varios vuelcos del corazón y otros tantos envasados al vacío entre sedimentos y una cabina de frío metal.
Ha tenido varios vuelcos del corazón y otros tantos envasados al vacío entre sedimentos y una cabina de frío metal.
Ella dice que siempre pecó de tirarse demasiado rápido a coger el balón cuando apuntaban a portería. No se paraba a pensar si ese día llevaba rodilleras y coderas o estaba falto de equipación. No le importaba. Él disfrutaba así o al menos le compensaba no frenar en algunas curvas intentando quitarse un poco el polvo de los ojos.
Paco-C
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