miércoles, 29 de septiembre de 2010

LA RABIA

Las presiones y malas estancias en la morada fomentaron que Ella fuera perdiendo el ardor de los secanos y el del abuelo l, algo que nunca debió hacer, pero se vio forzada para evitar una peor estancia entre aquella fría camada.
Quizá no fue su rabia la que dio rienda de expulsión y represión, sino la rabia en sí, que harta de callar y calmarse cosas sin recurrir al exterior estalló. Era la rabia de las rabias, la rabia que ordena sobre las iras de cada uno.
Fue como no saber decirle a la su rabia que ya debía salir y entonces la rabia de las rabias vomitó. Vomitó y lo hizo en medio de un bancal, en la parte trasera de la casa, lejos de la fachada. Arqueó cartas, las mismas que recibió tiempo atrás de alguna loba, cartas sembradas de palabras que sólo germinaron al principio. Ahí entendió lo que quería decir Nietzsche con eso de confundir lo último con lo primero. El principio escrito, franqueado y el vivido nada tenían que ver con los últimos años y el portazo final a aquella residencia.
Sacó las cartas con disimulo en la caja donde las guardaba. No pudo sujetar las ganas contenidas a la hora de deshacerse de ellas y las tiró contra el suelo con todo el coraje contenido por la prisa de otros, por la urgencia de una cama, por la soltura de las camisas recién planchadas, por la viveza de un beso al cerrar la puerta después de cada jornada laboral y lo que es más inhumano, repudiar el seguir viéndose solo.
Después hubo alguna que otra rabia mas contenida qué sacó llena de furia, como desquite aprovechando un torrente bastante parecido al de los lobos que aún Ella recordaba mojados en su recuerdo, en las que la prisa de alguien suponía situaciones incomprendidas para Ella. Fue un acto en el que Ella quiso eludir al tener que darle una pastilla a su perro enfermo y con malas maneras sugirió que lo hiciera otra persona insinuando que le tocaba al portero, que se dignara a hacer algo que no fuera sólo de su competencia.
Ahora Ella sabe a quién van dirigidas esas rabias que se forman,  que surgen sin querer como símbolo de protección ante cualquier sabotaje, ya que si nadie de su sangre le achacaba nada, tampoco ningún agente exterior tenía por qué hacerlo y menos poniendo Ella de su parte. Ha aprendido a sacar su carácter como medio de subsistencia y a veces parece que su boca muerde cuando comienzan a brotar de ella las palabras. Un comportamiento aprendido mediante su aislamiento en aquella morada de lobos todavía salpicados en su memoria ante cualquier asesino lento.
Paco-C

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